En un territorio que ha sabido sobreponerse al conflicto y a los desastres naturales, la paz no es solo un acuerdo: es una práctica. El programa de Yoga y Bienestar parte de una idea sencilla — el cuerpo es el primer territorio de paz — y la lleva a las aulas, bibliotecas y salones de las instituciones educativas de Pijao.
Cada semestre, el programa rota por 3 sedes educativas, y entre 80 y 180 niños, niñas y jóvenes participan en sesiones de yoga, respiración consciente, estiramiento y relajación (cifras a mayo de 2026). Las esterillas se extienden entre estanterías de biblioteca o sobre el piso del salón comunal: no hace falta un estudio de yoga para aprender a respirar.
Para muchos estudiantes es la primera vez que alguien les enseña a parar. A cerrar los ojos en mitad de la jornada, a notar el propio pulso, a estirar un cuerpo que pasa horas en un pupitre. Los docentes lo notan en lo que sigue después: grupos que vuelven al aula más tranquilos, conflictos que se resuelven hablando, concentración que dura más.
El programa hace parte de la línea de bienestar de la Fundación y se articula con Aulas para la Paz: si aquel programa cuida el techo y la dotación de la escuela, este cuida lo que pasa adentro de cada estudiante. Las dos cosas se necesitan — un aula digna y un cuerpo en calma — para que aprender sea posible.



