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Un puente llamado Nodo: historias de la casa universitaria

De Pijao a la universidad sin que la vivienda decida quién estudia — las historias de Mayerly, Esteban y los jóvenes del Nodo Pijao.

Para un joven de las veredas de Pijao, la distancia hasta la universidad no se mide en kilómetros: se mide en arriendos, mercados y pasajes que su familia no puede pagar. El Nodo Pijao existe para acortar exactamente esa distancia.

La casa estudiantil en Armenia acompaña hoy a unos 30 estudiantes por semestre, y junto al programa de becas suma 18 becas universitarias otorgadas (a mayo de 2026). Estas son dos de sus historias:

Mayerly Mesa Mejía llegó al Nodo desde Pijao y fue la primera voluntaria de la Fundación. Hoy es abogada egresada con honores de la Universidad del Quindío y la primera beneficiaria de una beca de posgrado. “Mi historia no es solo sobre mí”, dice, “es sobre todos los que venimos de comunidades desatendidas y nos atrevemos a soñar.”

Esteban Rengifo Cuervo estudia Medicina y dedica parte de su tiempo al programa de Adulto Mayor de la Fundación, visitando a los abuelos de Pijao. “La soledad suele ser la madre de su sufrimiento”, cuenta. “Necesitan que alguien los escuche, aunque sea por un momento.”

Del Nodo también han salido emprendimientos — como los proyectos de impresión 3D de sus becarios, que exploran la industria 4.0 desde una casa estudiantil del Eje Cafetero.

El círculo que más nos enorgullece es este: recibir apoyo, graduarse, retribuir. Muchos de los voluntarios de la Fundación son ex becarios. El puente se sostiene porque quienes lo cruzaron vuelven a tender la mano.

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Tu conocimiento, tu tiempo o los elementos que apoyen nuestras huertas se convierten en oportunidades reales para las comunidades rurales de Pijao.