Sembrar es sanar: el Programa Tierra por dentro
Huertas escolares que se vuelven huertas caseras — la historia del programa de soberanía alimentaria contada por quienes lo viven.
En las sedes rurales de Pijao, la clase más esperada de la semana no ocurre en un salón: ocurre en la huerta.
El Programa Tierra acompaña hoy a 560 niños y niñas en 14 huertas escolares (cifras a mayo de 2026). Pero las cifras son la parte pequeña de la historia. La grande es lo que pasa cuando un niño lleva la semilla a su casa: la huerta escolar se vuelve huerta casera, y la seguridad alimentaria se convierte en autonomía familiar.
Doña Ligia Villamil, guardiana del Vivero El Patio y sabedora de plantas medicinales, lo dice mejor que nadie: “Quise sembrar dignidad. Lo que muchos llaman ‘maleza’ son en realidad tesoros.” En su vivero funciona también el Laboratorio Bonplandia, y su saber sobre las plantas del territorio es parte del currículo invisible del programa.

Hugo Murcia, rector de la I.E. La Mariela — la institución de 12 sedes rurales donde el programa echó raíces —, resume el sentido de todo esto: “Gracias por soñar nuestros sueños. Hoy sembramos esperanza, cultivamos dignidad y cosechamos un futuro más justo y sostenible.”
El programa hace parte del Proyecto Ambiental Escolar (PRAE) del municipio, y la proyección de cosecha para 2026 ronda los 750 kilos de alimento. Pero si le preguntan a cualquiera de los que trabajamos en él, la cosecha que más importa no se pesa: se ve en las manos de un niño que aprendió que la tierra responde a quien la cuida.