Maestros que no están en la nómina: Hugo y doña Ligia
Un rector rural y la guardiana de un vivero — dos educadores de la comunidad que nos han enseñado más de lo que nosotros podríamos enseñarles.
En los papeles, la Fundación “apoya” a la comunidad educativa de Pijao. En la práctica, la mitad de lo que sabemos nos lo enseñó la propia comunidad. Estas son dos de nuestras maestras y maestros — ninguno figura en una nómina nuestra, y sin ellos nada funcionaría.
Hugo Murcia es el rector de la I.E. La Mariela desde mucho antes de que existiera la Fundación: la relación con su comunidad escolar viene de 2018. Con él aprendimos que una escuela rural no se sostiene con buenos deseos sino con continuidad — en pandemia, cuando las clases presenciales se interrumpieron, la respuesta fue tecnología para no perder el vínculo con los estudiantes; después, el enfoque maduró hacia la soberanía alimentaria: herramientas, semillas y asistencia técnica para que las familias produjeran su propio alimento. La huerta de la escuela terminó enseñándole al mercado quién manda.

“Gracias por soñar nuestros sueños, por empatizar con nuestra realidad y por caminar a nuestro lado. Con su ayuda, hoy sembramos esperanza, cultivamos dignidad y cosechamos un futuro más justo y sostenible.” — Hugo Murcia, rector de la I.E. La Mariela
Doña Ligia Villamil es la guardiana de El Patio, el vivero donde hoy funciona el Laboratorio Bonplandia — un espacio que le pertenece y que abrió a los niños del municipio. Su saber sobre las plantas medicinales es patrimonio suyo, anterior a nosotros y a cualquier laboratorio; nuestra tarea ha sido apenas ponerle un techo al lado y traerle estudiantes. Su filosofía cabe en tres palabras que dan nombre a su testimonio: “sembrar es sanar”. Y su lección botánica favorita desarma a cualquier agrónomo: “lo que muchos llaman ‘maleza’ son en realidad tesoros.”

La lección de ambos es la misma, dicha en dos acentos: la educación no la trae nadie de afuera. Ya estaba en el territorio — en un rector que no se rindió y en una mujer que convirtió su vivero en escuela. Lo que hace una fundación que aprende es sumarse, en convenio y con respeto, a los maestros que ya estaban ahí.